HISTORIA

YPF, el mundo social que supo ser

El periodista e historiador analiza los entramados históricos y sociales que dio el desarrollo de la petrolera nacional a lo largo de sus 100 de existencia.

Por Alejandro Jasinski

POR ALEJANDRO JASINSKI:
Los cien años de YPF nos muestran la historia de nuestro país en crudo. Porque la emblemática empresa petrolera estatal que impulsara el general del Ejército Enrique Mosconi, no nos habla únicamente de la influencia que tuvo el ejército en la discusión de los asuntos públicos y en la industrialización de la economía nacional en la primera mitad del siglo XX, ni sobre la mirada estratégica con que se concibió esta nave insignia, que ponía al país a tono con las lógicas históricas del desarrollo de las economías estatales de aquel momento. Este centenario que se cumple hoy nos muestra una película donde las transformaciones del capitalismo mundial del último medio siglo vapulearon aquellas pretensiones, teniendo como punto de inflexión la instalación de la última dictadura y el vuelco de las políticas públicas del país al servicio de las oligarquías financieras e industriales.

Pero hay mucho más, porque detrás de esta lógica de «montaña rusa», estaban los y las trabajadores, las familias obreras, las comunidades petroleras. YPF fue, desde su inicio, una empresa estatal y un emprendimiento social y económico. Y hablar, en este sentido, del desarrollo de una economía petrolera, nos remite a la fundación de pueblos enteros en los márgenes del país, al desplazamiento migratorio de millares de personas, al bienestar y anhelos individuales y colectivos, y también a la desestructuración de todo este mundo particular, a los sufrimientos y a las protestas, a los piquetes y a la destrucción de identidades y sentidos de pertenencia.

Por la propia ubicación de los recursos petroleros, YPF se instaló en regiones despobladas del país, tanto en el sur como en el norte. Eran todavía tiempos de república democrática, a pesar de las recientes masacres obreras e indígenas de aquel convulsionado comienzo de la década de 1920. Para iniciar sus actividades, se tuvieron que ir creando campamentos poblacionales, que con el tiempo se transformaron en pequeños pueblos y ciudades. No sin conflictos sociales y laborales, como las huelgas de Comodoro Rivadavia de 1932 que nos contó Andrea Andújar, la empresa tiñó aquel desarrollo de un ideario «nacional y popular», creando un fuerte sentido de pertenencia a un grupo social especial: la comunidad ypefiana.

Hablar de comunidad ypefiana, como lo hace Hernán Palermo, es hablar de un sistema de concesiones y derechos para estos trabajadores petroleros que no sólo eran salarios relativamente altos, estabilidad y promociones, sino estrategias de intervención de la empresa en la vida social de las familias obreras, con la construcción de viviendas y barrios, proveedurías, servicios de salud y previsión social, educativos y recreativos. A lo largo de décadas, aún con sus fuertes jerarquías, se construyó un sentido de pertenencia a la empresa que distinguía a los trabajadores y familias ypefianas con relación a otros grupos obreros y sociales. Frente a los embates militares en los años sesenta, los trabajadores supieron defender este modelo, como en la huelga de Ensenada de 1968, en una Argentina que iba entrando en una profunda crisis política y en un período revolucionario.

Este mundo ypefiano comenzó a ser minado con el terrorismo de Estado de los años setenta, endeudamiento de la empresa y secuestros de trabajadores mediante, para colapsar en la década de 1990. Los decretos desreguladores de la actividad petrolera, la transformación de YPF en sociedad anónima en 1990, el Plan de Transformación Global de la compañía, persiguieron el fin de achicarla bruscamente para llevarla a oferta pública en condiciones favorables para la especulación financiera, vendiendo sectores llamados «no estratégicos», destilerías, yacimientos, plantas.

La comunidad ypefiana entró en crisis. Retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, transformación de trabajadores en «empresarios contratistas», acompañaron la pérdida de derechos en los ámbitos de la vida social que había sabido garantizar la compañía. La dirección sindical se mantuvo subordinada a esta política de los cantos neoliberales. En solo tres años, entre 1991 y 1994, YPF pasó de tener 50 mil trabajadores a contar con sólo 7 mil.

Las protestas sociales y piquetes emblemáticos de aquellos años noventa fueron, en primer lugar, protagonizados por estos trabajadores ypefianos, convertidos en un abrir y cerrar de ojos en clase obrera desocupada y empobrecida. Fueron años de fuerte rebelión social. De esas protestas surgieron movimientos sociales que sostienen hasta hoy su identidad obrera y el anhelo ypefiano, como la Unión de Trabajadores Desocupados de General Mosconi de Salta, surgida en 1996 para reclamar por trabajo genuino. Aquel proceso de privatización se sintetizó en el nombre de Repsol-YPF.

En 2012, con la anunciada nacionalización, el Estado recuperó el control de la compañía, en un mundo muy distinto al que había posibilitado el nacimiento y desarrollo de la comunidad ypefiana, en un país donde los trabajadores pobres, incluidos desocupados y subocupados, como dice Nicolás Iñigo Carrera, son cada vez más.

*Periodista, doctor en Historia.

Fuente: https://www.telam.com.ar

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